Diversificar el hábitat es una de las mejores garantías de una especie para perpetuarse en el tiempo.  pero ¿qué pasa con el koala?

Cuando alguien dice Australia, se produce una especie de sinestesia zoológica en nuestro pensamiento, porque asociamos la palabra directamente con el koala (vale! también aceptamos canguro como icono australiano, pero hablamos de él en otro post). Sí, se trata de un tipo de marsupial  que solo vive en algunas zonas de ese país y se alimentan casi exclusivamente de hojas de eucaliptos. Puede que esa sea su sentencia.

Si te preguntas cuántos años vive un koala, la respuesta promedio es un número redondo: 10 años, no mucho más. Cuando se trata de un miembro macho, puede que menos. Te sorprenderá saber cuál es su principal depredador: el perro, ¡quién lo diría!

Pero contratiempos o ataques aparte, una de las razones por las que no alcanzan una edad más longeva es por el desgaste que sufren sus dientes al morder las hojas del eucalipto, lo que termina impidiéndoles comer y, finalmente, mueren por astenia.

En cautividad, como en todos los casos, la vida es más disciplinada (para expertos en eufemismos, nosotros) pero también más sencilla y más segura. El koala de zoológico más antiguo que conocemos vivió 23 años, obituario que le valió un lugar en el Libro de los Récords Guiness. Esta fragilidad los ha llevado a la lista de animales en peligro de extinción, aunque en la zona de la que son autóctonos parece que no opinan lo mismo.

Gran parte de esos años los pasan durmiendo, el koala descansa hasta 22 horas al día. Sentimos con esto desmontar un mito: no es que el eucalipto les drogue, sino que se trata de una inteligente estrategia para economizar la energía.

Una curiosidad, los dedos del koala guardan un denominador común con los nuestros, tienen huella dactilar única e irrepetible. Y otra más, en el momento del apareamiento emiten un sonido parecido al rebuzno de un burro sorprendentemente estridente para su tamaño, y es que parece que el koala macho disfruta  de dos cuerdas vocales extra situadas fuera de la laringe. Desde luego, la creatividad de la naturaleza es inagotable.